Sunday, January 16, 2005

APELACIÓN A LA HUMANIDAD


Hace unos pocos días tuvimos la tristeza de ver un tsunami causar gran destrucción y haciendo victimas a un número inconcebible de personas en siete países de Asia. Sabemos que esto es un accidente natural, en tanto necesitamos analizar y concluir que la intensidad de este tsunami nos muestra claramente que el desequilibrio ambiental es, sin duda, responsable por fuerzas naturales de este porte. Cabe a nosotros, definitivamente, una reflexión seria sobre el tema y la búsqueda de formas más correctas de lidiar con el espacio en que vivimos, para que no seamos nosotros mismos los responsables por catástrofes como la que recién presenciamos.

¡Nosotros, bloguistas, nos proponemos desde ahora a reunirnos en un alerta a la humanidad y empezar cada uno de nosotros, a nuestro modo y en nuestro ambiente, medidas prácticas de cambios inmediatos!

Es tiempo de hablar claramente. Es tiempo de abordar estas cuestiones en profundidad y no de forma restringida. Es tiempo, antes, de hablar en serio sobre la cuestión ambiental y ecológica. ¡Sobre la humanidad!


Tenemos razón para ello. Pues cada día más se tiene conciencia de que la lucha por la preservación no tiene fronteras, no es regional y que la respuesta para todo debe ser global, pues de no ser así no es respuesta.

Las lluvias ácidas, el sobrecalentamiento del planeta, la polución de los ríos y de los mares, la destrucción de los bosques, no tienen patria o región. Debemos combatir a nivel global o nadie podrá prevenir sus efectos.

Las personas aun respiran. ¿Pero hasta cuándo?

Los desiertos aun permiten que algunos de sus espacios sean verdes, enseñando vida. Pero la arena avanza siempre.

Aun hay bosques que no fueron podados ni quemados. Pero es cada vez más serio el déficit ambiental.

Aun hay minerales por extraer, uranio por desterrar, hierro y carbón para alimentar las grandes metalúrgicas del mundo. Pero el costo de estas explotaciones son sucesivas reducciones de reservas naturales no renovables.

En su simplicidad, el caso es el siguiente:

Hasta ahora venimos presenciando un modelo de desarrollo que al intentar solucionar las crisis las aumenta más y más. Pero cuanto más se consume, más se destruyen los recursos naturales finitos y no renovables, lo que vale decir que no es una solución durable, pues ella es finita en si misma y en el tiempo en que perdura. En otras palabras: una solución a corto plazo.

Significa decir que o decidimos cambiar de camino, o la vida sobre la Tierra estará condenada a durar solamente el tiempo en que dure el consumo de los recursos naturales de que depende.

No nos engañemos. La ciencia no tiene todas las respuestas. Antes, es portadora de las más dramáticas aprensiones.

Lo que hay de nuevo y preocupante en los días de hoy es un modelo de desarrollo sumamente creciente – peor que esto, ciegamente creciente – que usa el capital finito de preciosos recursos naturales no renovables, que de relativamente escasos, tienden a volverse completamente extintos. Y si pudiésemos comenzar a vivir sin uranio, sin hierro, sin carbón y sin petróleo, no podremos sustituir el aire ni el agua, para no ir más lejos en los ejemplos ya utilizados.

Se presenta, entonces, la necesitad absoluta de una respuesta global para el tema. Esta necesidad de globalización de respuestas nos da la real dimensión del problema y la medida de las dificultades de las soluciones. Leyendo el Tratado de Roma, el Acto Único Europeo y más recientemente, las conclusiones de la Conferencia de Quioto, de Rio de Janeiro y Johannesburgo, vemos claro el rechazo de los países más industrializados, particularmente Estados Unidos, en aceptar la reducción del nivel de emisiones. Es visible la falta de empeño ecológico y ambiental de las comunidades internacionales y de los respectivos gobiernos, que persisten en las tesis neoliberales, donde una economía ciega deshumanizada y sin rostro acabará por conducirnos a una callejuela sin salida.

Por otro lado, todos hemos sido incapaces de una visión más amplia e intemporal. Pues si aun hay aire puro hasta el fin de nuestros días, no sabemos que pasará con aquellos que vengan después nuestro… y continuamos contentos desperdiciando el agua que la naturaleza nos ofrece.

¿Será que el empresario que proyectó una fábrica está psicológica y culturalmente preparado para aceptar sin sofismas ni reservas las conclusiones de una evaluación seria del respectivo impacto ambiental?

Aunque sin sacrificar los padrones de crecimiento perverso a que tenemos sujetos nuestros hábitos, hay medidas a tomar pero que no son consideradas en serio, como por ejemplo:

- Llevar hasta el límite de su relativo potencial el uso de la energía solar y de la energía eólica.
- Llevar hasta el límite la preferencia por la energía hidráulica sobre la energía térmica.
- Volver a la preferencia de los abonos orgánicos en lugar de los abonos químicos.
- Corregir el exceso del uso de pesticidas.
- Luchar contra lo descartable, los envases de plástico, los artículos de duración prolongada.
- Volver al uso del transporte ferroviario en lugar del rodoviario.
- Repensar la dimensión irracional del transporte urbano en general y del automóvil, en particular.
- Repensar la locura en que se está volviendo el propio fenómeno del urbanismo.
- Rehacer la concepción de las ciudades y de las costas.

Dicho de otro modo: la moda política tiende a ser una constante apelación a las terapéuticas de crecimiento por el crecimiento. Es demasiado tarde para cerrar los ojos al hecho de que mientras la producción crece, las reservas naturales disminuyen.

Hay, en tanto, un fenómeno que ni siempre se asocia a las preocupaciones de la humanidad. Me refiero a la explosión demográfica.

Con seguridad matemática, es sabido que la población crece en progresión geométrica, mientras los alimentos en progresión aritmética. ¡De esta forma, en menos de medio siglo, la población de la Tierra creció dos veces y media!

¡En los últimos diez años crecimos mil millones! Sin gran esfuerzo mental, comprendemos para donde nos llevará esta situación.

Si necesitamos de un hombre más sensato y responsable, un hombre que mire amorosamente para este bello planeta que recibió en excelentes condiciones de conservación y que lo está metódicamente destruyendo, de un hombre que jure a si mismo y junto a sus hermanos hacer lo que sea preciso para que el aire permanezca respirable, que el agua sea instrumento de vida y portadora de ella, y los equilibrios naturales vuelvan al ciclo de auto sustentación, comencemos, entonces, desde hoy nuestra tarea, con persistencia y determinación.

Si la continuación de la vida sobre la Tierra está en peligro, y en seguida, la calidad de vida, ¿por qué perder tiempo?

Por ello, apelamos a todos cuantos deseen asociarse a este movimiento por la preservación de la Naturaleza, por la Paz y por el Desarrollo Armonioso de la Humanidad, para que suscriban a esta Apelación.

¡Al hacerlo, estaremos afirmando nuestra ciudadanía, como personas libres que somos, que miran con preocupación el futuro de la Humanidad, el futuro de nuestros hijos!





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